viernes, 21 de enero de 2011

EL QUE SIGUE


Ya sé que soy un poco torpe. Está bien... bastante, pero eso no justifica nada de lo que me sucede. Nada, nada en verdad de lo que no me pasa y quiero que me pase. Ya sé que tengo varios kilos de más, que mi pelo se enreda con todo y que sueño día por medio con algún sujeto desconocido a ver si me besa. A ver qué es lo que le provoco que me haga.
Una salida exquisita tuve hace un par de días. Una cita de esas que quieres guardar en el bolsillo de tu falda para que en la noche te siga regalando momentos. Una cita con perfumes y flores, con vino y besos cariñosos, de esos que sólo quieren darte la mano. Esos besos que uno agradece y quiere seguir teniendo.
Bastardo sin embargo son todos los hombres que entran a mi vida porque parece que en la sangre cretina que llevo, va también el imán a la basura. Y quizás mi sangre posee el imán más grande de todos.
Sólo basura, sólo, sólo basura.
El sujeto exquisito tenía novia de vacaciones fuera del país. ¡De mi país! Lo lloré con rabia un par de horas y listo.
El que sigue, supongo yo. El que sigue.

miércoles, 19 de enero de 2011

¿Qué significa estar sola?


Estar sola significa, no querer estarlo más. supongo que la consciencia del estado implica su presencia. Lo que no vemos, no existe. Estar sola significa, no querer estarlo más. Se acaba lo que no se siente. Empieza lo que se vislumbra, por eso respiré algo extraño cuando no vi a nadie más en mi cama, y eché de menos esa sensación de piel que se me fue parece entre los dedos, de una tarde a otra. Cuando quise un beso ajeno y no había nadie para dármelo. Cuando miré para todos lados y no había nadie a quien darle mis buenas noticias. ¿Qué es la soledad? Es darte cuenta que necesitas algo más que la familia, algo más que los amigos rodeándote, algo más que la gata compañera. Es tener ganas de proyectar tu cuerpo en otro, es querer dar la mano, sentir el vacío de algo que no llega. Es querer pelear y no tener contrincante. Estar sola significa, NO QUERER ESTARLO MÁS!!

martes, 18 de enero de 2011

RITORNO

Lamento haberme alejado tanto de la luna que me ilumina. De mi destino errante y sin rumbo fijo. Lamento con el corazón y la boca y mis piernas, haberme ido lejos de la sangre cretina que llevo y haberme vuelto un poco humana y casi, casi adulta. Prometo no volver a corromper mi naturaleza nunca, nunca más.
No importa a cuantos ni a cuantas bese. No va a importar. No importa si estudio o no estudio, si trabajo de noche o de día. Ritorno per non andare otra vez lejos de aquí. Abrazo nuevamente a mi vida mitad sana mitad niña, abrazo mi blog y grito con los ojos cerrados y la boca hinchada de aire: ¡ESTOY AQUÍ! Nunca más me voy de ti.

lunes, 20 de octubre de 2008

Los ojos


Cuando me cruzo con un ser humano que lleve un cuerpo ajeno al mío, lo primero que hago es mirarlo a los dientes. No a los ojos. No a esas bolas húmedas que se incrustan bajo las cejas después de la sexta semana de gestación.
Me dan asco los ojos. Me estremece su color y la posibilidad de que rueden por el suelo. Náuseas, las pestañas. Pelos alrededor de las pelotas pegajosas, que se mueven con nervios de manera involuntaria cada dos o tres segundos. Cinco si hay sorpresa. Cada un segundo si se llora, y media fracción se no se entiende, sino se que quiere lograr entender.
Por eso miro a los dientes. Al verdadero reflejo del alma. La portada higiénica, social y económica. La verdadera carta de presentación que nos impulsa a un beso, a una revolcada escandalosa o a un simple apretón de manos. Los dientes son seres innanimados que varían en su color, tamaño y forma de acuerdo a lo que representen. Se pudren sin lavado.
Sin una buena pasta.
Me gustan los dientes porque siguen el proceso vital de las personas y de todo lo que se mueve en una o más patas.
Y sin patas también.
Los dientes se caen como se cae la inocencia cuando ves a tu padre dándole la mano a una mujer distinta de tu madre. Se caen como se cae la inocencia después de una mano que no es tuya entre las piernas, como se cae la inocencia cuando miras el cielo de noche entendiendo por qué no hay ni San Nicolás ni conejo de pascuas.
Ni ratón de los dientes.
No, no hay.
Me gustan los dientes porque renacen, como superando etapas. Como encarando los malestares de la vida, mientras las bolas allá arriba sólo saben cómo se derrama la sal contaminada, a veces engañosa.
De cocodrilo.
Las muelas son mis preferidas. Todo lo reducen en secreto. Nadie pone atención a las que a escondidas todo lo controlan, triturando proteínas y malos pensamientos. Masticando ofensas, delirios de lo que se ingiere con un saludo, una despedida o un te quiero frío y mal dicho.
Los dientes se opacan según la costumbre. Crecen por conveniencia y simpatía a los objetivos y se metalizan de acuerdo al acceso económico de quien los lleva puestos.
Los dientes lo dicen todo. Lo muerden todo, lo muelen todo y todo, todo lo tocan. Los dientes te invitan a conocer el resto del otro o simplemente se ocultan para decir adiós, no quiero verte más.
Por eso lo primero que hago cuando me cruzo con otro ser humano que no lleve mi cuerpo, es mirarlo a los dientes, no a los ojos.

sábado, 11 de octubre de 2008

Conmigo siempre es lo mismo. Llevaba nueve meses acomodándome y cuando encontré la posición exacta, mi mamá me explusó de su ser como agotada de llevarme dentro, de alimentarme por el ombligo y vomitar cada vez que yo sentía náuseas.
Me estaba acostumbrando a ser hija única y nació mi hermano. Un ser gordo y de orejas pequeñas que me miró la primera vez como si yo hubiese sido la intrusa, como si la invasión a la vida en paz hubiese estado a mi cargo.
Aprendí a subir al resbalín de esa plaza tenebrosa que vivía cerca de mi casa, y la lluvia la oxidó hasta el exterminio. Me quedé cinco días recostada sobre el pasto cobre.
O no me gustan los cambios, o soy muy lenta para el común proceso humano. No llevo el ritmo. no sigo ni los pasos de la gente ni bailo en son de la música que todos escuchan.
Aprendí en primero básico a leer y escribir en español, cuando llegó una profesora hablando en inglés. Resolví por fin una suma matemática y empezaron los problemas de resta.
Todo es muy rápido para mi, que llevo sangre Cretti. Siempre la última en todo. Yo voy y ya viene la masa de vuelta haciendome burla. ¿Pero si no es Elena Magadalena?
Sí, sí. Esa soy yo.